Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Foro de Renovación Urbana donde nombra Ciudad Empresarial Sarmiento Angulo

Si nos detuviéramos a pensar qué tanto cambian nuestras vidas y las circunstancias que nos rodean año tras año, lo más seguro es que diríamos que MUCHO.

Y entonces, ¿se imaginan cuánto ha cambiado Bogotá en los últimos 62 años?

Hoy nuestra capital no es la misma de antes: la cantidad de habitantes aumentó exponencialmente, -ustedes vieron la cifra, 500 mil habitantes cuando este servidor llegó al mundo- su espacio geográfico se extendió y son más las posibilidades que tiene para progresar.

La ciudad ha vivido transformaciones –algunas positivas, otras no tanto– y debemos buscar la forma de renovarla y conservarla.

Lo que demanda la Bogotá de nuestros tiempos es una dosis de modernidad, de competitividad y desarrollo que podemos lograr a través de la renovación urbana, una renovación que entregue a los bogotanos de hoy y del mañana una ciudad que a todos nos genere orgullo nos genere admiración.

Para hacerlo necesitamos construir un imaginario común donde coincidan los intereses de sus habitantes, del Gobierno nacional, del departamental y del distrital; de la academia, del sector privado y los demás actores de la sociedad civil.

Ya es hora de que construyamos las bases que nos permitan tener esa Bogotá amable y competitiva que sabemos que debemos y podemos tener, como un patrimonio no solo para los habitantes de Bogotá, sino para el país entero.

Porque Bogotá tiene con quién y tiene con qué ser una de las mejores y más modernas capitales del continente, yo diría que del mundo.

Por eso, podemos pensar y hemos pensado en grandes proyectos en los que –unidos en torno a ese imaginario, a ese objetivo común– nos beneficiemos todos.

¡Lo que requiere Bogotá es integración! Debemos trabajar en una agenda de corto plazo y –algo muy importante– sentar las bases de una agenda de largo plazo, porque los grandes proyectos todos toman su tiempo.

Por nuestra parte, en lo que al Gobierno nacional corresponde, podemos decir que Bogotá tiene doliente y haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que cada vez avance más.

Tenemos un compromiso inquebrantable con la capital, pues es de bogotanos, de paisas, costeños, boyacenses, opitas… ¡Esta ciudad abre las puertas a todos!

Así que apoyar su renovación urbana, así hay que verlo, es apoyar también el progreso del país.

Con ese objetivo, con visión de futuro, decidimos renovar el Centro Administrativo Nacional para modernizarlo y mejorar la calidad de vida no solo de sus vecinos, sino del resto de ciudadanos.

El CAN existe hace 60 años, alguien que pudo identificar en este proyecto una fuente de progreso, quien lo diseñó.

Ahora, después de 6 décadas, es natural que necesite una renovación.

Como ministro de Defensa viví en carne propia el mal estado del edificio del Ministerio que –por cierto– será el primero en beneficiarse con el proyecto.

Les cuento que llegaban los visitantes al Ministerio y había una mesita, un troli con ruedas donde estaban los tintos, de pronto le acercaban a uno el troli, la señorita se iba a alcanzar el azúcar y el troli comenzaba a deslizarse, y entonces me tocaba a mi agarrar el troli porque el edificio está inclinado.

Me tocó a mí, de pura suerte estoy yo aquí parado ante ustedes, se desplomó el techo, y yo hacia 5 minutos me había ido de la oficina, el techo se desplomó encima de mi escritorio.

Entonces ahí comenzó un chiste que, a mí no me iba a hacer nada ni Alfonso Cano ni el “Mono Jojoy”, sino el fantasma de Rojas Pinilla, pero es que me tocó vivirlo en carme propia.

Con el tiempo los problemas han crecido: tuberías obsoletas; faltan redes informáticas; hay invasión de vías, de zonas verdes, construcciones ilegales.

Y para acabar con todo eso, asumimos esta renovación –con el gobierno departamental y distrital– como un compromiso de largo plazo y con soluciones de fondo, de raíz.

Pensamos este proyecto con responsabilidad y evitamos darle una solución fácil que no garantizara un verdadero cambio.

Porque no se trataba de tomar una decisión popular, de corto plazo, sino una decisión acertada. Lo que Bogotá necesitaba.

Pudimos prometer cambiarle la cara al CAN en 4 años o menos para ganar un rápido apoyo de la gente, pero hubiese sido un engaño, hubiese sido una irresponsabilidad.

Vamos a hacerlo en grande, ¡vamos a hacerlo bien!

En 25 años –tiempo en que se culminará la renovación, en perfecta coincidencia con los 500 años de Bogotá– los peatones que se caminen por el CAN van a poder desplazarse por el espacio público que hoy se usa como parqueadero.

Además, el CAN estará compuesto por edificios más altos que ahorren espacio, y no solo por oficinas, sino que incluirá comercio, viviendas, colegios, escenarios culturales, para enriquecer la vida urbana.

¡No se trata simplemente de arreglar edificios viejos y ocupar espacios! Esta obra promete estar a la altura de las expectativas y realidades de los colombianos del 2038.

Hoy ustedes, los asistentes a este foro, conocieron al equipo que diseñará el futuro Centro Administrativo Nacional.

Se trata de las firmas de arquitectos Office for Metropolitan Arquitecture de Holanda, que se ha venido ganando premios en todas partes del mundo, en asocio con Lorenzo Castro y Julio César Gómez de Colombia, quienes tienen el reto de convertir el CAN en un hito del desarrollo urbano y un símbolo de la capital.

Su propuesta fue la ganadora del concurso internacional de ideas para el plan maestro de renovación del CAN que tuvo un jurado de lujo, la verdad es que emociona conocer esto como un diseño real.

Muchas felicitaciones y muchos éxitos a los diseñadores y sus equipos, y muchas felicitaciones a la Empresa Virgilio Barco y a su gerente Andrés Escobar por este primer gran paso en esta propuesta que cambiará la faz de Bogotá.

Ahí estaba Virgilio Barco hijo en una presentación y a mí se me ocurrió ponerle el nombre de Virgilio Barco, porque siempre creyó el Presidente Barco en el futuro de la ciudad y este es un paso que cambiará sin duda alguna la faz de Bogotá.

Valga resaltar que la Empresa también está impulsando otro proyecto de renovación urbana de largo plazo, bastante menor, pero también muy importante, que es el Proyecto Ministerios.

Se basa en la idea –que ya venía desde los años 50, cuando la propuso Le Corbusier y un grupo de arquitectos colombianos– de situar todos los ministerios en el centro histórico, cerca al Palacio, cerca al Congreso, cerca a las Cortes y de otros ministerios como el del Interior y de Hacienda.

Allí es donde se mueven los funcionarios y, si queremos un gobierno eficiente, tenemos que pensar en facilitar esa movilidad.

Con el Proyecto Ministerios, concentrando los que están dispersos, de paso ayudamos a recuperar una zona que hoy presenta problemas; contribuimos a la movilidad, y pasamos a la órbita estatal algunos bienes patrimoniales que están en mal estado.

Por supuesto –como el del CAN–, es un proyecto de largo plazo, en el que por lo pronto apenas estamos iniciando el proceso. Depende de muchas personas, incluso de los presentes, que estas ideas sigan guiando el desarrollo hasta el final, sin perder nunca el norte, el objetivo, el rumbo.

También, en una constante búsqueda de lo mejor para la capital, nos unimos a la Cámara de Comercio de Bogotá y a Corferias para construir el Centro Internacional de Convenciones Ágora Bogotá.

En 10 años este Centro de Convenciones nos permitirá competir a nivel mundial como sede de grandes eventos, además convertirá a Bogotá en uno los destinos más atractivos para el turismo.

Porque esta obra no está pensada sola sino que hace parte del gran proyecto de revitalización urbana que se llama INNOBO que dará paso al primer Distrito Turístico de Ferias, Eventos y Convenciones de Bogotá.

Sabemos que la gente espera con ilusión una solución real y definitiva al problema del transporte público, que también hace parte de la modernidad y la competitividad de una ciudad.

Hemos cumplido el compromiso con el Distrito y los bogotanos para construir el Metro. Nos unimos para cofinanciar el proyecto y en la actualidad se están realizando los estudios y diseños que esperamos estén finalmente listos para el primer semestre del 2014.

En cuanto al Transmilenio, siempre hemos dicho que apoyamos su construcción en la Avenida Boyacá y estamos dispuestos a cofinanciar el 70 por ciento para hacerlo realidad.

Apenas el Distrito nos presente los estudios y nos presente los diseños de la obra, se hará la inversión.

Así mismo, para conectar el Transmilenio con el aeropuerto Eldorado, dispusimos el año pasado más de 85 mil millones de pesos, que infortunadamente no fueron utilizados, y es ahora el Distrito el que tiene a su cargo los estudios técnicos.

Valga decir que este aeropuerto, con sus nuevas y modernas terminales que nos llenan de orgullo, es un primer ejemplo de ese nuevo urbanismo que queremos que nos identifique.

Apoyamos también el proyecto del Tren de Cercanías, que conectará los municipios cercanos con la capital.

En agosto de este año cumplimos nuestra palabra y le entregamos al Distrito las líneas férreas que están en la zona urbana de Bogotá y que eran propiedad de la Nación.

También estamos listos –siempre lo hemos dicho– para contribuir a la construcción de la Avenida Longitudinal de Occidente, la famosa ALO, para que el transporte de carga deje de ser una de las causas de la congestión vehicular de la ciudad.

El Gobierno nacional cree en Bogotá, yo soy bootano, y ve en ella a una ciudad llena de posibilidades de progreso. Por ello le seguiremos apostando a estos grandes proyectos y a otros, como el de la recuperación del río Bogotá.

No puede ser que seamos capaces de recuperar 900 kilómetros de la mayor hidrovía del país que será el río Magdalena, -ya comenzamos el proyecto -y no podamos avanzar con mayor éxito en uno de sus afluentes que es el río de la capital.

Y así como queremos cambiarle la cara a Bogotá y la vida a quienes viven en esta gran ciudad, también lo queremos hacer con ciudades como Barranquilla, Bucaramanga, Manizales, Pereira, Montería, Pasto, Cartagena y Cali.

Hacer que las ciudades vivan un proceso de renovación urbana fue una de las iniciativas que propusimos en la campaña presidencial y la estamos aplicando a través del “Programa de Ciudades Sostenibles y Competitivas”, de Findeter.

En el marco de este programa, en Barranquilla, en Bucaramanga, en Manizales, en Pereira, en Montería y en Pasto se están recuperando los centros de las ciudades y las zonas comerciales abandonadas.

De igual manera, se está interviniendo el Corredor Verde de Cali, el Parque Lineal de la Quebrada La Iglesia de Bucaramanga y la Red de Ciclorrutas de Montería, para promover el transporte masivo y otras formas de transporte no motorizado.

También, en Bucaramanga, Barranquilla y Montería apoyamos los planes de mejoramiento integral de barrios que están en zonas de alto riesgo.

Y para mejorar la calidad del espacio público, le apuntamos a la construcción de parques autosostenibles en Barranquilla y en Barrancabermeja.

En fin: estamos brindándoles a las ciudades de nuestro país, porque nuestro país es un país de ciudades, creo que eso es una fortaleza, la oportunidad de convertirse en polos de desarrollo económico y social, en generadoras de bienestar y de calidad de vida, a través de la renovación urbana.

Y esa presentación que hizo nuestro ilustre arquitecto japonés, hacía dónde van las grandes ciudades, donde se está concentrando el progreso del mundo, nos da a nosotros claridad sobre qué también debemos hacer nosotros mismos, con nuestras ciudades.

Y celebro por eso que la empresa Virgilio Barco, con el apoyo de la Cámara de Comercio de Bogotá, haya realizado este foro sobre renovación urbana –y especialmente sobre la renovación del CAN¬–.

Como es normal, proyectos de gran calado como este suscitan voces a favor y voces en contra. De ahí que sea tan importante realizar este tipo de encuentros para brindarle tranquilidad e información a la ciudadanía.

Yo le decía ahora Andrés: esta información hay que socializarla y mostrársela a todos los directores de medios, a todos los que opinan, realmente aquí es un gana-gana, aquí nadie pierde con este tipo de proyectos.

Y lo mejor de todo es que es un proyecto en el que convergen los esfuerzos del Gobierno nacional, de la Alcaldía Mayor y de la Gobernación de Cundinamarca, y ahí todos unidos, todos vamos a ganar. Y todos vamos a estar, y eso es muy importante, con una misma visión, con un mismo objetivo, unidos, trabajar así es como se producen resultados.

Quiero además agradecerle especialmente señor Gobernador, por su aporte en terrenos, pero sobre todo por su aporte en su buena voluntad, que desde el principio vio la bondad de este proyecto, se entusiasmó y ha sido muy importante la vinculación de la Beneficencia de Cundinamarca, nos permitió ampliar el proyecto de renovación a 86 hectáreas, con 2 millones y medio de metros cuadrados de construcción prevista.

La visión que nos ha unido a los tres niveles del poder –nacional, departamental y distrital– es una visión de largo plazo, porque aquí –antes que nada– estamos pensando en el futuro y pensando en grandes grande, como debe ser.

Nuestra visión es la de una ciudad moderna, amable, con buena movilidad, con urbanismo de escala humana, con zonas verdes y espacios públicos adecuados.

Una ciudad para los bogotanos y para el país, y que todos admiremos, y que todos cuidemos, cuidemos con esmero.

Una ciudad competitiva a donde lleguen empresarios de todas las latitudes a hacer eventos, hacer negocios, a crear empleo y turistas para disfrutarla y admirar el encanto de sus cerros y su arquitectura singular.

Estaba hace una semana aquí el Primer Ministro (Británico) Blair, y lo llevé a ver Monserrate y me decía, esta es una ciudad maravillosa, maravillosa de lo bonita.

Los expertos han comprobado que la mejor manera de elevar la competitividad de una ciudad es mejorando su calidad de vida, porque de esta manera se atraen talentos, la mejor gente para vivir aquí.

Lo que hace esta gran obra de renovación urbana es precisamente eso: mejora sustancialmente la calidad de vida de Bogotá para que los profesionales más destacados de Colombia y del resto del mundo quieran trabajar en la capital.

Y no son solo los proyectos gubernamentales.

Hay grandes proyectos de renovación urbana que también cambiarán a Bogotá, como la Ciudad Empresarial Sarmiento Angulo que reunirá 18 torres corporativas, en 3 supermanzanas, alrededor de un paseo urbano y comercial de medio kilómetro, está al frente, puro al frente del CAN.

Ya van 4 torres construidas –incluyendo la de Avianca, la Cámara Colombiana de la Infraestructura y Argos– y sin duda aportan a la ciudad futurista y amable que queremos.

Otro proyecto bien interesante –más al norte- es el del gran Complejo Cultural Proscenio que cuenta con diseños nada menos que de la oficina de uno de los arquitectos más importantes del mundo, es el británico Norman Foster.

Porque el mundo comienza a ver la nueva Bogotá, que tendrá un urbanismo a la altura de las grandes megalópolis del mundo.

En estos momentos difíciles para la ciudad, quiero reiterar mi compromiso personal, y el de todo el Gobierno nacional, de prestarle especial atención a sus diversos desafíos.

Bogotá no está a la deriva. Bogotá está más presente que nunca en mi trabajo diario como Presidente. Y confío en que pronto se superará, por las vías institucionales, su actual situación.

Y quiero reiterar esta palabra: INSTITUCIONALIDAD.

Porque las democracias –todas– tienen problemas, fricciones, hay intereses encontrados, pero para eso, precisamente, existen las leyes y las instituciones, y hay que respetarlas, así como hay que respetar la separación de poderes, que es el eje mismo de nuestro sistema democrático que juramos cumplir y defender.

Hay decisiones que competen al Presidente y hay decisiones que competen a los jueces, y deben respetarse sus linderos, sus procedimientos y términos.

De mi parte, como Jefe de Estado –como guardián de la institucionalidad–, he manifestado mi respeto a las decisiones de los organismos de control, pero también al legítimo derecho del Alcalde de usar todos, todos, los recursos que estén a su disposición, que la ley le conceda.

Desde aquí invito a los bogotanos a que superemos esta coyuntura dentro de la institucionalidad y dentro de nuestras las leyes, con seriedad, con prudencia y con madurez política.

Y aprovecho para hacer un llamado también a las cabezas de los órganos de control para que cualquier diferencia que tengan la ventilen igualmente por las vías institucionales, con mesura, con respeto y sin pasar jamás al terreno personal.

Me propongo –por ello– reunirme individualmente con el alcalde Petro y con los jefes de los organismos de control, para asegurarnos de que las instituciones –como debe ser en una democracia fuerte– prevalezcan, siempre, prevalezcan las instituciones.

Entre tanto, cualquier manifestación o movilización, en pro o en contra de las decisiones que hoy afectan a la ciudad, es bienvenida y es respetada –como ocurre en una democracia libre– siempre que sea pacífica y no afecte los derechos ni la tranquilidad de los demás ciudadanos.

Mi mensaje hoy, desde el Gobierno nacional, es que seguimos adelante, y seguimos firmes en nuestra decisión de respaldar el progreso y el bienestar de la capital de todos los colombianos.

Muchas gracias.

 

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